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NADA: ¿La vida no tiene sentido?



Por Luis Santillán/Janne Teller escribe la novela Nada; el argumento plantea como Pierre Antón deja el colegio el día que descubre que la vida no tiene sentido, instalado en un ciruelo declara las razones por las que nada importa en la vida, sus compañeros deciden buscar el significado y lo hacen apilando objetos esenciales para demostrar que hay cosas que dan sentido a la vida.

Mariana Giménez encabeza el equipo que convierte la creación de Teller en teatro. En un trabajo de plena colaboración se vincula con Bárbara Perrín para hacer la translación del relato y convertirlo en literatura dramática. Perrín, en la faceta de dramaturga, propone una estructura donde dos personajes son la columna central del relato, esto permite que se ramifiquen las anécdotas, que la multiplicación de voces no lleve al caos y sí a la creación de un colectivo diverso, logra que los estados emotivos y la implicación de las acciones sumen.

Quizá la tercera parte pierde fuerza, porque la reiteración de palabras y la acción estancada dan la impresión de redundancia. Lo más destacable radica en que es un texto creado para la escena, esa transición de la narrativa a la narración escénica es fluida, consistente, saca provecho de las raíces del texto motor y le da posibilidades a la puesta en escena.

La dirección de Mariana Giménez es sumamente comprometida tanto en el detalle como en el ritmo emotivo, cuida el tono actoral para mantener de manera verosímil el rango de edad de los personajes, estimula a su reparto para que la dinámica grupal sea orgánica todo el tiempo; propone convenciones escénicas que rompe en aras del relato, explota hábilmente los bloques grupales para lograr los acentos en los momentos individuales de los personajes.

Lucía Uribe, quien crea a uno de los personajes “columna”, hace un gran trabajo, tiene la fuerza para contrapuntear al personaje de Pedro, logra que su personaje sea un “narrador emotivo”, su trabajo destaca a tal grado que difumina al de Pedro y, paradójicamente, resta fuerza al antagonismo que mueve el relato.

Lila Avilés, Andrea Rubio, Pablo Marín y Leonardo Zamudio son quienes crean a todos los integrantes del grupo, cada uno de ellos tiene un personaje central que tiene más bloques de acción, pero deben construir dos más. Es un trabajo colectivo que mantiene la calidad, tanto en los rasgos de personaje como en los matices emotivos, cada uno posee elementos que constatan su excelente trabajo.

Nada, bajo la dirección de Mariana Giménez posee diversos elementos de gran calidad, pero el que  cabe destacar es aquel que muestra la puesta en escena como el logro de un conjunto. La participación y colaboración de todos los involucrados le dan la textura a Nada, una textura entrañable, sin consideraciones, comprometida con el relato y sus implicaciones, que conlleva un trabajo actoral de gran calidad.

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