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LA NOSTALGIA DE LAS PEQUEÑAS COSAS: Sólo una utopía



Foto por Roberto Sosa

Por Roberto Sosa/ Las mínimas formas que se añoran y le dan sentido a la vida. Cuatro personajes viajan hacia un lugar en busca de lo que han perdido, las evocaciones que nutren su existencia; el sitio es solo una utopía. “Globo”, una mujer sin nombre, “Mario” y “Glänzend” reunidos en un muelle y frente al mar inician la travesía. La vastedad del océano es la analogía con su mente y su memoria.

El trayecto está lleno de preguntas y pocas respuestas. Acá el tiempo transcurre distinto, el pasado se hace presente y dialoga con el futuro. El mundo real se desdobla para permitir a cada uno encontrar su propio camino, su propio destino. En el horizonte se vislumbra una isla, un trozo de tierra rodeado de agua por todas partes. El mar representa la fantasía que envuelve la realidad, la tierra firme.

La obra se ancla en medio del océano de nuestros recuerdos, aquellas pequeñas cosas que nos llenan de nostalgia; es cómo encontrar un camino lleno de sensaciones y descubrir lo que no hizo daño, y descubrir el sendero que nos ayude a sanar nuestra parte emocional. El texto en este sentido es filosófico, se aparta de la realidad para crear su propio entorno, y su propio escenario.

La autoría y dirección son de Ángel Luna, su ópera prima, ésta es su tercera temporada. Después de reescribirla y hacer ajustes al texto, encuentra un lenguaje propio; en la primera versión se notaba la influencia de otros creadores en su escritura y puesta en escena. Ahora se nota madurez, un texto más sólido con personajes mejor cimentados. La puesta en escena la recarga en el trabajo de los actores.

La obra se compone con el mínimo de elementos; cuatro bancas juegan con el espacio escénico para crear universos que habitan nuestra ficción. Los actores Gina Martí, Andrés Torres Orozco, Valeria Fabbri y Aldo Barhego con creatividad, talento y aptitud se integran al proyecto y se hacen cómplices de Luna. Los cuatro abordan la nave llamada utopía, con música y movimiento corporal se desplazan por las aguas de un mar poblado de recuerdos y de cosas perdidas.

La nostalgia de las pequeñas cosas, nos invita a imaginar, a preguntar y quizás a no encontrar respuestas. El trabajo es bueno, bien logrado; desde la ficción atrapan al espectador y lo hacen viajar. El teatro es mejor lugar para recorrer la entelequia, la irrealidad, la invención; en el teatro no hay utopías, aquí todo cabe y todo es posible.

Roberto Paredes se hace cargo de la iluminación; Emilio Narváez, del dispositivo escénico; y Roxana Deneb, del diseño gráfico. Con la producción de Sandra Narváez, la obra se presenta en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, los sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas, hasta el 22 de julio.

Para más información sobre esta obra aquí

 

 

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