
Luis Rivera (el director) construye el montaje con pocos elementos, propuestos por Natalia Sedano y Xiomara González (las diseñadoras de escenografía e iluminación), para mantener el ritmo y que los momentos de cambio de relato mantengan tanto los estados emotivos como los puntos de suspenso.
Emmanuel Lapin destaca en el reparto, es quien logra una separación complete de la Cebra y Frankie. La Cebra es un personaje de poder, con una construcción corporal que exige ciertos matices para lograr proyectar las características de situación del animal; Frankie es un actor débil, indeciso, con una corporalidad diametralmente opuesta. Y Lapin trabaja ambos personajes de manera sólida.
Tener un texto que no presenta debilidades le permite al equipo de trabajo crear sin tener que sanar deficiencias de origen, la escena tiene una vitalidad a partir de la creación visual de los animales y las características que construyen los actores, eso conlleva que el relato fluya, que los actores propongan, que el director canalice las aportaciones de su reparto.
El reino de los animales es la posibilidad de que el público ajeno al mundo laboral de los actores vean qué ocurre en camerinos, sientan qué sucede cuando el talento o las amistades no abren las puertas. Quizás el ámbito laboral de la actuación sea tan inhóspito como el reino de los animales, mientras el público lo descubre tendrá una divertida experiencia.
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