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MEMORIAS DE ABAJO: La oportunidad de ver lo increíble



Por Luis Santillán/ Caracola producciones, por su trabajo, se ha ganado ser una garantía de gran calidad en el teatro de objetos –o teatro de juguete, como lo define Caracola-. Tienen, desde su ópera prima, un alto e ingenioso nivel de producción. Gina Botello encabeza el trabajo creativo desde su faceta de dirección, explora las posibilidades para construir el relato en escena y sorprender de manera constante. En su montaje de Shahrazad lograba que en escena estuviera lo imposible, la creación de imágenes era impresionante tanto por la belleza como por la contundencia que poseían, ahora con Memorias de abajo explora otros ambientes, juega con otros colores y hace lo increíble, que el universo de Leonora Carrington esté y habite el espacio escénico.

La fuerza de Caracola producciones –y por lo tanto de Memorias de abajo– está en Gina Botello por su capacidad como directora y en su equipo de diseño y realización (Leonardo Otero, Daniela Villaseñor, Alejandra Flores Alonso, María Fernanda Galván), el universo de sus montajes es totalmente orgánico, los objetos que lo permiten son los que este equipo crea; la calidad en la realización es sumamente cuidada, su presencia y su uso producen imágenes bellas, visualmente sorprende.

Algo a considerar es que todo está en los objetos, nada por encima de ellos, de tal manera que los manipuladores son el eje de construcción, su uso, su animación logra en todo momento un espacio de ficción poderoso, inquebrantable, es decir su trabajo es limpio, contundente, convence a todos.

Caracola producciones es un equipo de trabajo, es un conjunto de personas que repiten en su campo, eso tiene un alto valor porque consolida la estética de la compañía y les permite incrementar su habilidad en su hacer, sin embargo, esa forma de trabajo conlleva asumir riesgos. La belleza de Memorias de abajo es innegable, su nivel de producción es impecable, la habilidad y capacidad de Botello es legible de manera constante, pero la dramaturgia no está a la altura del conjunto. La dramaturgia –acreditada como adaptación- es de Christian Courtois, la cual hilvana 3 relatos, en los encadenamientos juega con alusiones a la obra de Lewis Carroll, y deja la sensación de vacuidad. Alguien podría argumentar que el trabajo de Courtois es discreto porque está al servicio de la imagen, pero la imagen es la forma en que se narra Memorias de abajo, por lo tanto la dramaturgia debería –o podría- ser más exigida para que el público además de la belleza celebre lo que está más allá de los objetos.

Otro elemento que debilita la propuesta es la iluminación de Jesús Giles, hay una penumbra que cansa al ojo y –aparentemente- va en contra de los elementos, los aplana; hay bloques donde la luz crea y apoya, curiosamente son aquellos donde la emisión viene desde el objeto, ante eso, la emisión del equipo del teatro es pobre.

Más allá de si la dramaturgia o la iluminación son deficientes o brillantes, lo innegable es que Memorias de abajo es de esos trabajos que sería muy lamentable que el público se perdiera.

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