
Es incuestionable que los textos del autor inglés, a pesar de los siglos, son tan vigentes como cuando se escribieron. Son textos que atraviesan y tocan el alma humana, que le sirven de reflejo. También es cierto que ciertos textos del autor son más vigentes y más pertinentes bajo ciertas circunstancias particulares. Macbeth, en el contexto mexicano, es uno de ellos.
Para lograr esta exploración se requiere de atrevimiento y de transitar por caminos nuevos. De retar los cánones que con los años se han ido levantando alrededor de la obra de Shakespeare. Un ejemplo afortunado de esta búsqueda en nuestros escenarios ha sido el director Mauricio García Lozano y la compañía Teatro del Farfullero, que en un periodo de tres años han montado cuatro textos del bardo de Avon: Ricardo III (2014), Medida por Medida (2016), Romeo y Julieta (2017) y Macbeth (2017).
La pieza más reciente de esta aventura a través de la obra shakesperiana que el director mexicano ha emprendido es Macbeth. Obra que se presenta en el Teatro Milán con un elenco encabezado por Lisa Owen (Lady Macbeth) y Juan Manuel Bernal (Macbeth). La apuesta del director es entrar en la psique atormentada de Macbeth y Lady Macbeth, de mostrarnos los rostros de la traición y la ambición, de la corrupción del poder, de la culpa.

El director da a la obra un ambiente que recuerda el de una pesadilla, el de una alucinación. El uso del agua como un recurso escenográfico es preciso, sirve para dar cuerpo a la visión que el equipo creativo de la obra tuvo sobre Macbeth. “Es un doloroso sueño sobre la maternidad. Asistimos al alumbramiento del mal, al amanecer de la noche. Las madres terribles amamantan a la criatura del horror y perpetran su especie en el líquido amniótico de una patria devastada”, escribe el director en el programa de mano, y abunda, “Macbeth es un océano de sangre transparente. Porque lo hecho no se puede deshacer”.
Ahí está el destino, engañoso e inevitable, que parece mudable pero una vez pasado cierto punto resulta inamovible. ¿Son las hermanas del destino las que decretan y anuncian el futuro? ¿O las ambiciones de los hombres ponen en boca de ellas sus más oscuras ambiciones y deseos ocultos? Es este uno de los puntos más altos del montaje. Estos seres sobrenaturales, las hermanas del destino encarnadas por Lisa Owen (quien también es Lady Macbeth), Paula Watson (también Lady Macduff) y Assira Abbate (también Fleance, el hijo de Banquo; y Macduff hijo) estremecen y confrontan al espectador. Por momentos erizan la piel de quien las escucha, con sus predicciones ponen en marcha el mecanismo atroz de la avaricia.
Lisa Owen es una Lady Macbeth intensa, se coloca del lado de la tradición de la reina ambiciosa y que toma un papel activo en la tragedia (hasta donde el texto lo permite después de que el personaje se retira poco a poco de su papel preeminente). Juan Manuel Bernal es un Macbeth que sucumbe bajo el peso de sus decisiones, se va plegando a las consecuencias de la traición, no se rinde ante la culpa sino ante el destino.
La adaptación del texto de Alfredo Michel Modenessi apuesta por sintetizar y unir las 5 escenas de la obra en una acción continua. Trata también de hacer más accesible el lenguaje shakesperiano, poniendo el énfasis en el conflicto interno de los protagonistas -antagonistas de la obra.
Es destacable de este Macbeth el balance general que logra el elenco en términos actorales, y el efectivo diseño artístico de todo el montaje. Completan el cuadro de actores Diego Jáuregui como Duncan, Raúl Villega como Macduff, Hamlet Ramírez como un muy convincente Banquo, Miguel Santa Rita como Malcom y Julián Segura como Ross.
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