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HEISENBERG: Relaciones como electrones: inciertas y en movimiento perpetuo



Por Eugenio Fernández Vázquez / Mientras mejor se conoce la posición de una partícula en un momento determinado, más difícil es determinar su tamaño, velocidad y trayectoria futura. Ése es el principio de incertidumbre de Werner Heisenberg, el físico que da título a esta obra que, por lo demás, no tiene nada que ver con la física. Ése es también el principio que parece regir la vida de algunas personas y sus relaciones, según este estupendo guión de Simon Stephens, traducido con talento e ingenio por Paola Zelaya Cervantes y Ana González Bello, al que dan vida Mónica Huarte -como Georgie Burns- y Fernando Larrañaga -como Alex Priest-, bajo la dirección de Antonio Serrano.

La obra comienza instantes después de que, en una estación de trenes de Londres, Georgie besa en la nuca y a traición a Alex, que, en lugar de huir, permanece sentado e intrigado junto a ella. Lo más extraordinario de todo no es el atrevimiento de aquella mujer cuarentona y guapa, que besa a un desconocido de más de setenta años de aspecto sencillo y humilde, que ni la debe ni la teme. Lo que hace tan extraña la situación es que, en realidad, ese beso es el detonante de una atracción entre ambos que ni siquiera sabían que estaba ahí, como hay eventos subatómicos que hacen evidentes fuerzas y presencias que, de otra forma, no se notarían.

A partir de esa detonación, lo que el público ve es a dos víctimas de una soledad completa, que cargan todavía heridas que no saben si ya son cicatrices, tratar de aprender de nuevo -o por primera vez, no se sabe nunca- a sentir sin miedo, a querer a otro y a convivir. La relación que resulta no podría ser, en esas circunstancias, un romance cualquiera. Alex y Georgie forman una pareja en la que las partes saben o dónde están o a dónde van, pero nunca las dos a un tiempo. Es también un viaje en el que ambos aprenden que los seres humanos, como los electrones, están en constante movimiento y es imposible quedarse quietos, aunque quieran, como es imposible frenar el movimiento de los demás, por más queridos que sean.

Así como Alex y Georgie se mantienen fieles al principio que descubrió Heisenberg, así la obra se mantiene siempre impredecible. Eso es sorprendente del guión de Stephens, que se estrenó hace poco más de dos años en Nueva York, con Denis Arndt como Alex y Mary-Louise Parker como Georgie: la trama misma de la obra parece respetar el principio de incertidumbre. Sutilmente, como para desmentir a los espectadores, más que para encontrarlos a traspiés, va abriendo siempre caminos inesperados. O se sabe dónde está -en un punto comedia, en el otro, tragedia-, o se sabe hacia dónde va, pero no se puede saber ambas al mismo tiempo.

La dirección de Antonio Serrano logra, además, que el ritmo de Heisenberg no se pierda nunca, a pesar del reto que supone mantener a buen paso una historia que oscila entre el cambio constante, y el cambio como norma. Una ingeniosa escenografía a base de mamparas móviles hace difícil la vida de los actores por la necesidad de deslizarlas ellos mismos de un lado a otro, pero permite cambiar de escenario sin lastimar la obra. Eso compensa y hace olvidar el elemento más notorio de la puesta en escena, una vitrina que separa al público de los actores y que parece gratuita, o redundante -¿qué es un escenario, después de todo, sino una inmensa vitrina en la que se exponen y desgranan actores y personajes?

Por suerte, la muy atinada traducción de Zelaya Cervantes y González Bello recoge con tino el espíritu del guión, mexicanizando los diálogos sin forzarlos. Eso, junto con las actuaciones de Huarte y Larrañaga, permite olvidar esos vidrios que se atraviesan en el camino de una obra, por lo demás, muy bien lograda.

Consulta precios y horarios de la obra, aquí.

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2 comentarios sobre “HEISENBERG: Relaciones como electrones: inciertas y en movimiento perpetuo

  1. Ricardo,
    Soy Javier Angeles, escenógrafo de la obra ‘Heisenberg’.
    Quiero responder a esta reseña como ‘derecho de réplica’ – si es que eso es posible- y preguntar si la reseña viene desde tu posición como espectador o como experto en la materia de diseño escenográfico y dramaturgia.
    Haces referencia a la escenografía. De manera cordial te recuerdo que el diseño pertenece a alguien que debe ser citado o referenciado también.
    Haces evidente tu rechazo a nivel dramatúrgico de la ‘vitrina’, la cual crees redundante. Es importante tener una base sólida cuando se hace una acusación de esta naturaleza. Sabrás que todo diseño parte de un concepto. Sin un concepto fuerte dramatúrgica y estéticamente el diseño carece de sentido.
    Me gustaría hacer evidentes contigo las referencias del concepto del cual parte este diseño – jamás para justificar si no para evidenciar el proceso detrás de este trabajo. Tal vez así se puedan evitar malas interpretaciones en la forma en la que aquí se reseñan.
    El autor hace referencia a cómo lo que sabemos de la gente y sus relaciones depende de cómo y desde dónde lo vemos. Verás que el origen a la vitrina parte de una relación entre el ver y ser visto – así como los científicos observan sus cajas de Petri. Sólo que en este caso lo que se observa son vidas y relaciones humanas. Desde el principio de la conversación con el director hubo un sentido de voyerismo que se quiso explorar – esa barrera literal entre lo público y privado de una persona y cómo se decide o no revelar lo que hay detrás. Podrás ver referencias al texto también reflejadas en este concepto – privacidad, intimidad, secretos detrás de nuestras intenciones, hermetismo referente a nuestros secretos y manías.
    Contradiciéndote cuando afirmas que un escenario ya es en sí una vitrina donde se exponen y desgranan los personajes, te invitaría a revisar lo que dice Stanislavski acerca de la cuarta pared; y del romper con esa cuarta pared. Redundante o no, obvio o no, hay en la caja de cristal de Heisenberg un sentido de naturalismo – no realismo – que fomenta la ruptura de la interacción entre actor y público. Como diseñador ‘fenomenológico’ siempre me ha interesado el cómo apreciamos como usuarios o espectadores el arte de una manera individual cargada de nuestro bagaje personal. Esta vitrina permite eso: percibir nuestra versión de la historia a través de cada uno de nuestros lentes y de lo que alcanzamos y queremos ver – voyerismo, fenomenología, cuarta pared en su máxima expresión.
    El juego en está en cómo y cuándo se rompe esa cuarta pared en Heisenberg. Es cuando los personajes se conocen a sí mimos, cuando se alejan de sus miedos y estereotipos y cuando deciden salirse de sus corazas. Es en ese momento cuando salen-literalmente- de la caja.
    Yo no culparía a la vitrina de demeritar la historia ni el desarrollo de la puesta en escena. Culparía mas bien a qué tan dispuestos estamos a conectar inclusive cuando se nos ponen barreras físicas – un reto más para el público en esta época donde toda comunicación es a través de un teléfono celular.
    Te invito a que revises el teatro ‘hiperrealista’ y sus corrientes internacionales de diseño escénico, de las cuales tomo mucha inspiración. Te sorprenderá lo muy en boga que están las cajas de cristal en el teatro holandés, inglés, alemán y australiano.

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