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ALMAS PERDIDAS: Una historia de fantasmas, familias y miedos de ambos mundos



Por Eugenio Fernández Vázquez/ Todas las personas, todas las familias, vivimos rodeadas de fantasmas, y lo que nos asusta y aterroriza de gran parte de la literatura negra y de fantasía es su habilidad para materializarlos, para dar forma y presencia a nuestros miedos más profundos, a nuestros rencores y deseos, a los recuerdos que nos persiguen y asedian. Eso es también lo que hace tan conmovedora y, a un tiempo, escalofriante a Almas perdidas, la nueva obra de Miguel Cane, que dirige Roberto Cavazos en el Foro Lucerna.

Almas perdidas muestra a los Morante en una de sus épocas más oscuras. El hijo de Ricardo y Patricia ha muerto, apenas un niño, en las olas del océano Índico, y la pérdida, la culpa por permitirla, los reproches mutuos aunque disparejos, han destrozado su matrimonio. Para hacer las cosas tan complicadas, como sólo pueden serlo en familia, la relación de ambos con Diana y Jaime, los hermanos de Ricardo, está atravesada por los celos y la desconfianza.

A pesar del golpe recibido, Ricardo, encarnado por Diego Cooper, lucha por seguir adelante y por recuperar a su esposa. Por su parte, Patricia, a quien Andrea Portal presenta en toda su muy conmovedora vulnerabilidad, está hecha trizas, y en un intento por vencer la locura y seguir adelante, se muda a una casa en Polanco en la que un fantasma -quizá propio, quizá padecido por contagio- empieza a hablarle. “¡Éste es el palacio del zar!”, le grita con voz infantil mientras ella explora esa casa demasiado grande que, aunque esté vacía, todavía guarda los objetos, los recuerdos y los olores de quien la habitó, hace ya mucho tiempo.

Mientras tanto, Diana -representada por Amaya Blas- intenta una y otra vez reconciliarlos, o por lo menos ayudarlos a seguir con sus vidas, aunque sea por separado. Sus esfuerzos no cosechan ningún éxito, y su fracaso parece deberse, al menos en parte, a la rivalidad entre Ricardo y el tercero de los Morante, Jaime (Jordi Rosh), a todas luces enamorado de Patricia.

Pese a todo, generosa con los tres, tratando de mantener entero lo que la muerte ya rompió, Diana intercede, asesora, escucha. Menos escéptica que sus parientes, se niega a creer que su cuñada esté loca. Si oye fantasmas, quizá los haya, y hay que lidiar con ellos. Para ello contrata los servicios de una médium que confirma que hay algo más en esa casa, pero que les advierte también que nada bueno saldrá de quedarse en ella.

La dirección de Roberto Cavazos, que antes montó Rotterdam de Jon Brittain, y Somos eternos, del mismo Miguel Cane, permite que este drama familiar en el que todos viven presa de fantasmas propios y ajenos se despliegue en toda su hondura y muestre cómo los vivos pueden hacer tanto daño como los muertos. Una escenografía limpia y efectiva, diseñada por Isaías Martínez, le permite mantener a los espectadores colgando de la orilla del asiento mientras los personajes entran y salen de escena y de las vidas de los otros sin interrumpirse y garantizando la fluidez de la obra.

Por su parte, el texto de Miguel Cane muestra a los espectadores los miedos y rencores que los personajes comparten con todos, y está construido con enorme habilidad para remover lo que han querido dejar oculto, o que no quieren reconocer que tienen a flor de piel. Por eso logra que el público se estremezca sin necesidad de lamparazos, máscaras ni sábanas blancas: lo que provoca miedo en esta historia de fantasmas está en escena tanto como dentro de nosotros mismos. Los lazos que unen a los hermanos Morante y a Patricia, como los que nos unen a todos con nuestros familiares y amigos, están tejidos con amor y risas pasadas tanto como con rencores y celos muy presentes.

Con Almas perdidas, Miguel Cane y Roberto Cavazos han logrado montar una historia de fantasmas en la mejor tradición del cine y la literatura gótica y de terror. En esa línea, también, ofrecen a los asistentes el placer extraño del miedo más hondo, y esa especie de exorcismo laico que se produce cuando nuestros espectros se le aparecen a otros.

Consulta precios y horarios de la obra, aquí.

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