Por Itai Cruz, entrevista por Gina Fierro/ Este mes estrenó la puesta en escena escrita por Luis Agustoni, La última palabra, montaje que bajo la dirección de Angélica Aragón y un equipo de grandes actores como lo son Roberto D’Amico, Pablo Perroni, Adriana Llabrés y Víctor Huggo Martín dan voz a un tema que hoy en día abunda en las opiniones: la violencia que muchas mujeres sufren por parte de los hombres.
“Nuestra intención es abrir un diálogo, dejar una semilla plantada en el corazón de los caballeros, respecto de su corresponsabilidad en estos asuntos y hacer un llamado de atención a las mujeres”, detalla Aragón. Esta problemática social se explora bajo la mirada de tres hombres que pertenecen al ámbito político y legal, así, estos personajes intentan resolver el juicio de una mujer que es violentada física y psicológicamente.
En entrevista para Cartelera de Teatro, el elenco de La última palabra expresa sus inquietudes y emociones con el montaje de dicha puesta en escena.
“Luis Agustoni quiso que la obra se estrenara en México, incluso antes que en Argentina o en otro país”

En tanto, el actor Pablo Perroni se mostró entusiasmado de ser parte de este montaje “es increíble poder estar en un proyecto que significa tanto y que es tan importante hoy en día, como lo es la violencia contra las mujeres […] la obra es muy inteligente, increíblemente precisa, apasionada en el tema y con un elenco con increíble”.
El experimentado actor habla del montaje como una obra basada fundamentalmente en la palabra, sin embargo afirma que la puesta “no es verborréica” y que está cargada de contenido psicológico y de “enfrentamientos”.
Al respecto, el actor Víctor Huggo Martín indica “una de las cosas que me apasiona del texto es que sea rudo, preciso, cuando apunta el maestro D’Amico que no es verborreico, es porque no lo es en absoluto. Es una obra de teatro en donde uno tiene que estar en absoluta atención, porque todo lo que está sucediendo es elemental para entender lo que está ocurriendo (en el escenario)”.
Por su parte, la directora Angélica Aragón sostiene que “esta obra no es panfletaria, sino que realmente son cuatro puntos de vista distintos, pero no necesariamente contrarios. El teatro nos da la oportunidad de ser abogados del diálogo, el poder escuchar también la otra opinión, y a pesar de que esto ocurre en lo legal, el análisis es humano”.
La dirección
“A Angélica le apasionó tanto el texto que lo demuestra en la obsesiva meticulosidad con que nos dirige”

De igual forma, Aragón señala “a mí me emociona mucho que podamos hablar en el escenario de un tema del que se está hablando en la calle. Creo que una de las principales funciones del teatro es reflejar la problemática que preocupa a una sociedad”.
La violencia de género
“Vamos a revisar el terreno de la violencia doméstica, de manera inteligente, tranquila y calmada”
La directora del montaje explica que dentro de la obra hay una discusión seria, pero también un gran sentido del humor entre los personajes. De esta manera se explora el tema de la violencia, “una problemática que se ha exacerbado hasta el grado que hemos visto manifestaciones nacionales y en el extranjero, especialmente la violencia que padecemos las mujeres a manos de los hombres, que representa un 90% de los incidentes de violencia física reportados en un ministerio público”, apunta Aragón.

Y agrega, “nuestra intención es abrir un diálogo, dejar una semilla plantada en el corazón de los caballeros, respecto de su corresponsabilidad en estos asuntos y hacer un llamado de atención a las mujeres, particularmente a las generaciones más jóvenes para que se den cuenta de lo que se ha logrado en términos de protección a las sobrevivientes de violencia”.

En este sentido, Víctor Huggo confiesa “esta es una obra que a mí me confronta personalmente, porque casi todos tenemos o creemos que tenemos un punto de vista […] Y esta obra me ha cuestionado precisamente eso, cuál es mi punto de vista sobre la violencia de género, cómo en mi trinchera funciono, de tal manera que puedo cultivar esta violencia o combatirla y ayudar a que esto se vuelva igual, que estemos sobre una superficie”.
La historia
La última palabra narra el caso de una mujer que después de haber sido víctima del maltrato por parte de su marido, en un momento de desesperación y armándose de valor, termina por quitarle la vida a su agresor. El caso es llevado ante la sala del Tribunal Colegiado, donde tres magistrados y su secretaria tienen veinticuatro horas para dictarle sentencia.

“Cómo defiendes a una mujer o cómo hacer justicia respecto a un asesinato en el que la mujer es culpable”
“Creo que todas las mujeres nos podemos identificar en el abuso, el acoso, en sentirnos que no nos ven igual”, señala Llabrés, quien enfatiza en los cuestionamientos que se plantean durante el montaje “cómo defiendes a una mujer o cómo hacer justicia respecto a un asesinato en el que la mujer es culpable, cómo puedes solidarizarte con un caso tan difícil en donde una de nosotras hizo las cosas mal, pero al mismo tiempo te cuestionas, qué más pudo haber hecho”.
Y agrega, “creo que, a veces, las mujeres estamos súper arrinconadas a reaccionar o a quedarnos calladas y pues la pregunta es, qué es lo que se juzga, porque ninguna de las dos cosas están bien, pero entonces tenemos muchas aspectos que cambiar y no sólo las mujeres, creo que el cambio fundamentalmente viene de los hombres y de cómo nos relacionamos el uno con el otro”.
La importancia de ver la obra

Al respecto, Martín indica “la obra es un pretexto maravilloso para hacer un ejercicio de reflexión, es un espectáculo maravilloso”.
Finalmente, Adriana Llabrés declara “para mí es muy importante contar esta historia porque habla de algo que vivo todos los días, que veo todos los días, y cómo uno en México tiene que aceptar que no te ven como una igual y vivir con eso, y le tenemos que dar la vuelta”.
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