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Edipo y Julio César unidos por la tragedia: Las lágrimas de Edipo



lagrimas 4Por Roberto Sosa/ Son de sangre, para no ver la atrocidad que cometió Edipo se saca los ojos; ciego, busca un lugar en donde el viento se detenga para morir en paz. El oráculo profetizó, nadie escapa a su destino. Mató a su padre y procreó con su madre. Antígona, su hija y hermana lo acompaña. El sitio es ajeno, no saben en dónde están, afuera escuchan gritos, una revuelta. Están en el México de hoy, en un teatro abandonado.

En este recinto está Corifeo, un estudiante que les habla sobre lo sucedido la noche en que 43 estudiantes desaparecieron en Ayotzinapa. Allí murió el joven normalista de 22 años Julio César Mondragón, lo desollaron vivo. El relato estremece a los visitantes: “extranjero tráelos aquí, a escuchar la historia de Edipo…” El relato compagina un ser mitológico con uno verídico; sobre el escenario de un teatro, todo puede suceder, a Edipo y Julio César los une la tragedia.

La analogía entre ambos personajes podría ser lejana ¿Qué tendrían en común? ¿En qué punto de sus vidas cabe nuestra realidad…? La pluma de Wadji Mouawad –autor de la obra- lo hace posible, cohesiona de forma magistral un suceso real con uno mitológico. La historia de Julio César y los 43 normalistas desaparecidos, dialoga con la tragedia escrita por Sófocles. Edipo y Julio César convergen en un escenario teatral, para hablar de injusticia y execración.

En la mitología, la Esfinge es el monstruo que cierra los caminos y cuestiona: ¿cuál es el animal que por la mañana camina con cuatro patas, en la tarde con dos y por la noche con tres?, si la respuesta es “no sé…no sé…, los traga. En la realidad que hoy vive nuestro país, hay un monstruo que devora todo, no lo ves pero está por todos lados; es la corrupción y la injusticia, lleva el odio a los demás, engulle los sueños de todos, la felicidad. La Esfinge es el gobierno, el monstruo que se coge al pueblo: “y tú también dirás no sé…no sé…no sé”.

Las lágrimas de Edipo es un texto potente, que nos sacude la conciencia, nos atraviesa el alma. La dirección es de Hugo Arrevillaga, quien demuestra una vez más la empatía que tiene con los textos de Wadji Mouawad. Por su parte, el autor de origen libanés escribe el argumento después de su experiencia en México en 2014, conoció los sucesos en Iguala; vivió de cerca la inconformidad y la rabia que se escuchaba en las calles de la Ciudad de México. El texto recoge el coraje y sufrimiento de las familias de los desaparecidos.

Para ser honestos, la obra no me gusta, no por mala –es espléndida, texto, dirección, excelentes actuaciones- sino por el dolor, este dolor que me da ver a mi país en esta situación; el dolor que me provoca el relato de un autor que nos ve de esta forma; dolor por la impotencia. La función de prensa fue especial, al finalizar llegó al escenario la joven viuda de Julio César, con el rostro bañado en llanto agradeció por lo que dice la obra de su esposo, por su hija, por los desaparecidos… por todo. La catarsis fue colectiva. ¿De algo servirá todo el llanto que se derramó esa noche…?

Las actuaciones son de Vicky Araico, Ulises Martínez y David Illescas; la traducción es de Humberto Pérez Montera, consulta precios y horarios de la obra aquí.

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