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Cuando todos pensaban que habíamos desaparecido: teatro que evoca los sentidos



Cunado todos pensaban 2Por Roberto Sosa/ Estaban en el escenario para confrontar el pasado, para hablar de la vida, para preparar los alimentos. La obra tiene olores y sabores, música, baile y muchos recuerdos. Sobre la mesa están cuatro estufas –a un costado un asador- en donde se preparan alimentos de la cocina española y mexicana: Chiles rellenos, alubias con chorizo, huazontles en salsa de jitomate, tortitas de plátano rellenas de queso o frijoles y sopa de porrusalda (sopa de puerros y patatas, originario de la cocina vasca).

La puesta en escena es una creación colectiva, un encuentro a través de la gastronomía que habla del pasado que une o desune a ambas naciones; es también un relato personal con la muerte, con los sepultados por la violencia, con los muertos por la guerra civil. Cada uno le da voz a un muerto (a), a un desaparecido (a). En los recuerdos personales, están sus difuntos. La escena se llena con el fuego de las veladoras que iluminan las imágenes de los que ya se fueron y con el aroma de la comida.

La obra es sobre todo un discurso escénico que se centra en lo orgánico –más no podría serlo-, la música, canto y baile son los aderezos con los que se preparan los alimentos; detrás de cada platillo, hay una historia, el recuerdo de la abuela, de la madre, el lugar, la familia, los olores, la tierra… el origen. Todo forma parte de una cosmovisión con dos culturas que comparten un pasado histórico y también un resentimiento ancestral. Los golpes y los insultos también forman parte de la obra.

Cuando todos pensaban que habíamos desaparecido, es un universo de aromas, sabores y máscaras. Es teatro que evoca los sentidos; desentierra el pasado para volver al inicio. Y retomar lo que ahora somos, sin perder la memoria, el pasado ya se fue y el futuro aún no llega. No habíamos desaparecido, aquí sigues las voces. Después de hora y media de función, el teatro se impregna con el aroma de los guisos, lo cual nos despertó el apetito. Al terminar la función nos dijeron: “A comer todos…” y todos salimos a degustar los platillos.

Generalmente la comida se prepara en una cocina; preparada en un espacio escénico, con las propias manos de los actores, durante la función, es algo especial. Los platillos saben a escenario, a texto, a drama, a las actuaciones de cada uno de ellos… y a recuerdos. Las tortitas de plátano con crema encima, un deleite; los chiles rellenos, ni se diga; muy rica la sopa de porrusalda (un platillo que se sirve en invierno, es como la sopa de poro y papa), deliciosas también las alubias con chorizo, igual los huazontles; y una copita de vino, todo servido por los artistas, es una experiencia única.

La puesta en escena se presentó febrero de este 2016 dentro del marco Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU), con un elenco binacional, por México: Diana Magallón, Ma. Carmen Ruiz, José Rafael Flores y Luis Alberti (Vaca 35 Teatro en Grupo). Por España: Maite Urrutia, Irene Caja y Alejandro González (guitarra y voz), bajo la dirección de Damián Cervantes. Las funciones son ahora en el teatro El Milagro del 14 de abril al 8 de mayo de jueves a domingo.

Consulta precios y horarios de la obra aquí.

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