
El texto usa herramientas de la narración escénica de tal manera que hay momentos donde la escena se construye con el discurso directo de los personajes y el resto por la dinámica de acción convencional. La dirección parece no dialogar con la dramaturgia, parece que no hay un entendimiento sobre los ejes estructurales del texto. En bloques sostenidos por la narración escénica los personajes dicen “comemos” y la resolución escénica pone a los actores a comer literalmente, en bloques donde el texto propone un cambio de ritmo, la propuesta del director la ejecuta sin filtro como si el único deseo fuese hacer ilustración tras ilustración, da la sensación de que Banda sólo quiere satisfacer al dramaturgo (que es él mismo) y la dirección está a merced del texto sin una aportación o propuesta.
La escenografía e iluminación corren a cargo de Miguel Moreno y su trabajo es bueno, con los mínimos elementos concreta el espacio de una manera no realista dado que su estación de trenes apela al imaginario colectivo y he ahí el gran acierto, pero ocurre algo curioso, porque no propicia el “hiperrealismo” que pregona quien escribió el boletín de prensa, pero tampoco dialoga con el texto. Es muy llamativo saber qué ocurrió en el proceso porque la escenografía concreta contundentemente lo que parece ser la petición del director, pero el texto grita un espacio diferente.
Oler la sangre tiene un equipo de trabajo grande, sin embargo lo que está en escena tiene una serie de contradicciones o falta de visión enriquecedora como si sólo un reducido número de personas hicieran el proyecto, el texto va en una dirección, la escenografía en otro, la propuesta del director (por lo que se puede leer en la intenet) ve algo que en el proyecto no se concreta, y no es legible donde está el filtro de productor y del productor ejecutivo.
La razón central por la cual amerita ver Oler la sangre es por el trabajo de Adriana Llabrés y de Víctor Huggo Martin, lo que ellos hacen, más la música de Torres, permiten tener una grata experiencia aun cuando todos los demás componentes no sumen a su hacer.
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