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Espectáculo y sensualidad, Salomé en el Teatro Helénico



salome-iAlejandro Klerian Ramírez / Pareciera ser, y por demás con gran fortuna, que el Centro Cultural Helénico ha detenido, por momentos, su tiempo. Así observamos intactos, inmóviles, su capilla gótica, sus jardines, su foro La Gruta, su máquina de escribir Olivetti en recepción, su misma taquilla, sus trípticos que nos invitan a cursar arte, historia, literatura, humanidades.

Y sí, también su siempre y principal teatro, el que hoy nos ocupa, el Teatro Helénico. Situado sobre Av. Revolución 1500, el Teatro Helénico presenta la obra Salomé, misma que también y ojalá así fuere, si bien en los programas se lee que termina el 22 de septiembre de 2013, permaneciese por largo tiempo. Escrita por Oscar Wilde, dirigida por Mauricio García Lozano y protagonizada por Irene Azuela, quien también produce el montaje, narra la historia bíblica de Juan el Bautista, bajo una particular visión de Wilde.

Una vez dentro del teatro, podemos dejar de lado Facebook, Twitter y las demás plataformas sociales para desconectarnos de ese mundo externo y así conectarnos con nosotros mismos, con nuestra historia, con lo nuestro, con el buen teatro. Toda una serie de impulsos, amoríos, obsesiones, celos, excitaciones, lujos, fiesta, gula enmarcan el camino, ese destino por el que ha de transitar esta obra y así su fatal final.

Ese mal correspondido amor que la princesa Salomé de Judea siente hacia el cautivo profeta Juan el Bautista, Jokanaán -Leonardo Ortizgris- y la ira que la princesa siente hacia su padrastro Herodes -José Sefami-, llevan a ésta a pedir al siempre poderoso Herodes, con un baile de por medio, su único deseo, mismo que por demás le es muy bien concedido, servido incluso en bandeja de plata. La venganza está siempre presente, en pleno apogeo, y así Herodes, una vez que satisfizo el deseo de Salomé, no dejará pasar mucho tiempo para él también cumplir su deseo, su venganza.

Así es como, entre bellas frases de amor-odio, pasiones, sentimientos encontrados, exaltados y esa mente humana, tan compleja, eterna y divina, como su existencia misma, estamos ante una obra de teatro histórica, creativa, ingeniosa, polémica y espectacular.

El drama constante, obscuro, con algunos pocos chispazos de luz, la rápida y frágil búsqueda de la felicidad, de la salvación. La celebración inútil y nuestra tragedia, la muerte, el amor, los besos, la belleza, las imágenes; ese surrealismo que conforme pasa el tiempo nos acompaña, todo esto que en el devenir de la obra llega hasta nuestras butacas y nos acaricia al fin. El desenlace, empapado bajo un torrente de sangre, pero también cobijado bajo un torrente de agua, agua divina.

Al término de la obra, los múltiples y merecidos aplausos que se dejan escuchar en todo el teatro; ahí no podía faltar, como en todo escándalo-espectáculo, creación humana-literaria, quien desde una butaca algo grita, vocifera, expresa, ¿exactamente qué? nadie lo sabe, no sé sabe, no se alcanza a escuchar, hay muchos aplausos. Por lo demás, no importa mucho lo que el grito dice exactamente, esa voz de buena fe deja constancia de que aún, a pesar del paso del tiempo, seguimos aquí, por fortuna, entre nosotros mismos.

Para más datos de Salomé hacer click aquí (boletos, dirección, horarios, etcétera).

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