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Óscar Ramírez Maldonado / Estamos en plena época decembrina y es temporada de pastorelas. Esta tradición navideña tiene un profundo arraigo en nuestro país, de hecho la tradición teatral existe en algunas regiones de nuestro país desde antes de la llegada de los españoles; los pueblos precortesianos representaban de manera plástica algunos aspectos concernientes al culto de sus deidades, y en algunos casos contaban con auténticas piezas dramáticas que tenían un fin estético, un uso político o simplemente de entretenimiento. Con la conquista y la evangelización, las expresiones culturales y artísticas en México sufrieron un proceso de  sincretismo que ha perdurado hasta nuestros días y da a muchas de las celebraciones y festividades un toque único.

Las pastorelas tienen su origen en nuestro país durante la época virreinal. Con ellas los evangelizadores buscaban explicar a los habitantes originarios de estas tierras los misterios de la Eucarestía o explicar aspectos de la religión católica como lo es el pecado y la fe.

Según la tradición, la primera representación escénica del nacimiento de Jesús se realizó en el año de 1223, se dice que quien realizó este primer montaje fue Francisco de Asís. En nuestro país, en el año de 1530, el obispo de la Nueva España, fray Juan de Zumárraga, expidió una ordenanza para que se celebrase una Farsa de la Natividad Gozosa de Nuestro Salvador. A partir de entonces se comenzó el montaje y presentación de obras que seguían el modelo de entremeses o coloquios. Los primeros en realizar esto en tierras mexicanas fueron los franciscanos, posteriormente otras órdenes les siguieron. Al llegar los jesuitas a la Nueva España usaron al teatro -de manera sistemática-  como herramienta  para la evangelización, presentando montajes que mezclaban las escrituras bíblicas y narraciones que tenían sus raíces en la etapa previa a la conquista, por supuesto entre estos espectáculos se encontraban las pastorelas.

Algunos señalan que la primera pastorela escrita y montada en nuestro país fue La adoración de los Reyes Magos, escrita alrededor de 1550 por el franciscano fray Andrés de Olmos. Este texto fue escrito por el religioso en náhuatl para facilitar la conexión con los pueblos indígenas; de hecho en esta obra, De Olmos integró elementos cercanos a la cosmovisión prehispánica como la música, danza y flores.

Sin embargo, María Teresa Colchero Garrido, en su libro La Adoración de los Reyes, explica que existen varios textos con el mismo nombre o que son variantes de otros textos. Sobre el tema propone que en 1535 se realizó la primera representación de la pastorela La Adoración de los Reyes. Al respecto comenta que “muy probablemente La adoración de los Reyes, obra que los franciscanos introdujeron en América, fue representada antes de esta fecha (la autora se refiere a 1550)”. Otro texto fundamental que Colchero menciona es La comedia de los Reyes, el cual fecha aproximadamente en 1600 y que se volvió uno de los predilectos de los indígenas.

Sobre la complicación de reconstruir una historia literaria -en este caso de las pastorelas-, la autora señala que tal como lo dijo el padre Ángel María Garibay, se trata de un “laberíntico camino”  que implica un alto riesgo.

El argumento de estos textos y representaciones es, básicamente, el viaje que un grupo de pastores inicia para adorar al recién nacido Niño Dios; durante la travesía los pastores tendrán que superar los obstáculos que un grupo de demonios colocan en su camino.

Entre quienes comienzan a dar forma a esta tradición, tal cual la conocemos en nuestros días, se encuentra Joaquín Fernández de Lizardi. El escritor, también conocido como El pensador mexicano, escribió en 1818 su Pastorela o La Noche Más Venturosa, que desde 1826 se ha convertido en una de las pastorelas más representadas en los escenarios mexicanos.

Ya para el siglo XX, con la influencia del teatro de revista las pastorelas dejan a un lado el lenguaje culto que Fernández de Lizardi les imprimió, tomando un lenguaje popular, más colorido, cercano al pueblo y a la crítica política. De hecho, es en esa época que otras expresiones teatrales en nuestro país, como el Tenorio, toman este lenguaje y adoptan también la crítica social y el sarcasmo para hablar de la situación política y social.

Para conocer más de este tema pueden consultar el libro de María Teresa Colchero Garrido que ya les hemos mencionado, también una fuente interesante sobre el tema es Teatro Náhuatl, época novohispana y moderna, de Fernando Horcasitas, editado por la UNAM. Además, nada como ser parte de esta experiencia, para ello haciendo click aquí pueden acceder a nuestra sección de comedia, en donde encontrarán varias opciones de pastorelas en la Ciudad de México.

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