Por Oscar Ramírez Maldonado /

No hay que espantarse, como lo señala Nuria Bages, quien realiza una actuación maravillosa. No hay que espantarse, porque no hay nunca una irrupción de los actores hacia el público, ni viceversa.
El frágil muro imaginario entre los actores y el público se tambalea desde el primer instante en el que los protagonistas se sientan mirando directamente al frente para establecer un diálogo de “sordos”, no porque no se escuchen y se respondan los personajes, no porque la audiencia no siga los argumentos de cada uno, sino tal vez porque ellos como nosotros nos encontramos ante la imposibilidad de transmitir, comprender y representar el dolor de otros. El dolor es unívoco para cada uno de nosotros, parece decirnos Veronese.
Mientras Nuria Bages y Roberto Ríos representan a un matrimonio que después de la catástrofe están sumidos en el estado de desastre, los personajes de Zuadd Atala e Ismena Romero entran y salen de escena, compartiendo anécdotas que se alejan y regresan al hilo conductor. Engranes que distienden el mecanismo escénico.
De pronto, el espacio que divide al público se desgarra, sin violencia; el simple acto de compartir una fotografía basta para que caiga la división que desde el principio se antoja débil. Una imagen que el público pasa de mano en mano, escudriñándola con una pequeña linterna en busca de alguien; apuntar directamente a lo que se busca impide que se vea el retrato, solamente la luz indirecta permite percibir e imaginar sus líneas. Estamos ante la presencia de fantasmas, de un espectro de lo que en realidad es.
En esta reseña no abordo demasiado el hilo conductor de la obra ni los recursos escénicos y escenográficos de la puesta, pues sería una traición al esfuerzo colectivo de esta compañía.
La fortaleza e inteligencia del texto del dramaturgo argentino pone en marcha los mecanismos de la representación teatral; sobre la cuestión del dolor provocado por una pérdida, el elenco de la obra lleva al público a una exploración sobre los alcances de la ficción, la empatía y la construcción dramática.
Realmente es muy recomendable esta puesta en escena de La forma que se despliega. No pierdan la oportunidad de disfrutar de este excelente trabajo de Línea de Sombra y la impecable dirección de Jorge Vargas. Ni las actuaciones, ni el trabajo de iluminación y escenografía los decepcionarán, estamos seguros de ello.
Ver aquí la información completa en Cartelera de Teatro sobre La forma que se despliega.
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