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UNA MERIENDA DE NEGROS: Merendarse a los negros con Otelo como pretexto



Por Roberto Sosa/ La obra inicia al filo de las 18:00 horas (sábados y domingos), en horas de la merienda. “Merendarse” a los negros con Otello como pretexto, puede ser aberrante, loco y absurdo. Si el texto es de Edgar Chías, todo es posible, si lo dirige Boris Schoemann, más. En las actuaciones están Pamela Almanza (Desdémona), Leonardo Zamudio (laggo) y José Juan Sánchez (Otelo), “nada es lo que parece…”, así que estos tres parecerán personajes shakesperianos, pero no.

Tres actores se reúnen en un espacio semivacío para darle, desde su imaginación, nombre a un pequeño plato; puede ser todo, menos lo que ven. Sin embargo será más divertido representar a Otelo y darle con todo a los negros. Cogen rico, pero huelen mal; son atléticos, pero no piensan, por ejemplo. El Moro de Venecia tiene fama, valor y el amor de Desdémona, pero es un “pinche negro”.

La obra no cuenta la historia escrita por Shakespeare, no sólo los negros son el énfasis, es la forma de abordar el texto y lo que no se dice; la parodia, la farsa y la comedia, todo dentro de un pequeño espacio, con dos actores y una actriz, que son el eufemismo personificado. Otelo desde esta perspectiva, nos habla de nuestro presente y nuestra sociedad, con guiños a otros personajes como Jasón (Medea) y los Argonautas.

En esta obra no hay un pañuelo que comprometa a Desdémona, los celos no ciegan a Otelo, ni mata a su amada, pero sigue siendo un pinche negro, a fin de cuentas son los culpables de todo. En la representación no existe la cuarta pared, tienen siempre referencia con el público que los observa, actúan sin dejar de lado la presencia del espectador. Y “nada es lo que parece…”.

El texto podría ser segregacionista y racista, sin embargo, el tono que le da el autor lo suaviza y el espectador no lo percibe como un agravio; México es un país en donde los negros son minoría y menor es la ofensa. En este sentido la obra transita por una delgada línea entre uno y lo otro; la labor del director, es mantenerse con sapiencia dentro de esa línea.

Las actuaciones están en el mismo nivel; los tres manejan acertadamente el tono, subtexto y matizan. Su profesionalismo es evidente. Leonardo Zamudio es el “negro” de los tres, así está –creo- dispuesto para darle sentido a la pieza. La obra hay que verla con detenimiento, detrás de lo que no se dice –mi opinión-, está su valor.

Una merienda de negros podría estar dentro del teatro del absurdo, quizá una metáfora o tal vez nada de esto; los actores miran un reloj para saber si ya terminó su tiempo y su representación. La cuestión podría seguir por horas, pero ¿para qué cansar al público…? Una hora y fracción es suficiente; afuera se está mejor, un lago en medio del bosque y una soleada tarde de primavera en Casa de Lago, donde se presenta el montaje.

Consulta precios y horarios de la obra, aquí.

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