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UN TRANVÍA LLAMADO DESEO: Deseo como metáfora de la condición humana



Por Roberto Sosa/ Un tranvía es el transporte que utiliza Blanche Dubois para llegar a la casa de su hermana Stella en Nueva Orleans, casada con Stanley Kowalski, un obrero de origen polaco, de clase inmigrante proletaria. La visita de Blanche pone a prueba la estabilidad de la pareja; el barrio es habitado por migrantes, obreros que beben cerveza y juegan a las cartas. El calor y el ambiente que se respira en la estrecha vivienda, asfixian a Blanche.

Altiva, atractiva y desequilibrada, al final de su juventud con pretensiones de virtud y educación, oculta su alcoholismo. Blanche está en casa de su hermana, un universo ajeno al suyo. La reacción de Stanley es lo que más preocupa a Stella. El argumento para estar allí, es el quebranto de la antigua plantación de Belle Reve, se perdió por la mala gestación de sus ancestros. Esto último no lo cree Stanley, el Código Napoleónico dice que toda propiedad de una esposa, es también del marido.

Sobre el escenario están los elementos para detonar el drama; Blanche y Stanley representan el conflicto de los grupos sociales que los conforman. Existe una poderosa atracción oculta entre ambos, afinidad que va en contra de los valores morales. La fuerza bruta de su naturaleza -intrínseca en Stanley-, es la antítesis en Blanche. Mientras tanto, Stella, movida por la atracción casi animal que siente por su marido, tolera el abuso físico y emocional de Stanley.

Nueva Orleans, fuente de inspiración para Tennessee Williams al escribir su obra, ciudad al sur de Estados Unidos, punto de encuentro de diversas culturas. Deseo es la calle por donde transitaba el tranvía, Deseo como metáfora de la condición humana. La obra la escribe en un ambiente posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando la población mundial buscaba un nuevo orden social. Surge entonces el fenómeno de la migración hacia Estados Unidos, Latinoamérica y otras partes del mundo.

Un tranvía llamado Deseo, considerada una obra maestra de Tennessee Williams (ganadora del Premio Pulitzer 1948), se presenta ahora con la traducción y dirección compartida de Iona Weissberg y Aline de la Cruz. Desde mi perspectiva, la obra les queda grande, no logran plasmar sobre el escenario la fuerza dramática del texto; el drama lo transforman en humor, el público ríe por lo que supone son escenas en tono de comedia. La conducción lleva El tranvía al descarrilamiento, éste sale de las vías con todo abordo.

Todo ello conlleva a interpretaciones poco afortunadas. El papel protagónico femenino recae en Mónica Dionne como Blanche Dubois, un personaje plano, sin matices, sin fuerza; su tono de voz es el mismo de principio a fin. Marcus Ornelas es Stanley Kowalski, quien logra brillar en su papel, se ve tosco, viril y tiene el físico adecuado. María Aura interpreta a Stella, frágil y tímida, una mujer que se deja manipular por su esposo; su actuación es buena, simplemente. Y Rodrigo Murray es Harlod Mitchell, enamorado de Blanche, quien personifica a un hombre tonto, y es tan buen actor que así se percibe.

Lo mejor –mi punto de vista, aún cuando no veo bien resuelto la entrada y salida a la casa de los Kowalski- fue la escenografía e iluminación de Sergio Villegas y Emilio Martínez, la escalera que está en el exterior, le da perspectiva, dimensiona el relato. El vestuario de Emilio Rebollar es propio a la época y al “glamur” de Blanche.

Una desafortunada versión de Un tranvía llamado Deseo, sin duda. La primera versión que se presentó en México fue en 1948 en el Palacio de Bellas Artes con el grupo Teatro de la Reforma y las actuaciones de María Douglas, Wolf Rubinski y Lillian Oppenheim, bajo la dirección de Seki Sano. La más reciente fue en 1996 en el mismo teatro Helénico con las interpretaciones de Lisa Owen (Stella), Agustín Torrestorrija (Stanley) y la épica actuación de Diana Bracho como Blanche Dubois. Tuve la fortuna de verla y al final –recuerdo- todos nos pusimos de pie para ovacionar su trabajo.

Complementan el elenco: Daniela Rodríguez, Héctor Sandoval, Luis Montalvo, Omar Saavedra, Angélica May y Rebeca Roa.

Consulta precios y horarios de la obra, aquí.

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Un comentario sobre “UN TRANVÍA LLAMADO DESEO: Deseo como metáfora de la condición humana

  1. Totalmente de acuerdo con el sr. Roberto Sosa, me parece un montaje desafortunado. Desde que comienzan, los actores se escuchan sobre actuados y por momentos las actrices muy “chillonas”, efectivamente las salidas me resultan de “principiantes”. La escenografía se ve pobre más allá de la atmósfera que busca crear. Y lo que me resulta en verdad malo, es la entrada del dr. Ya que es el mismo actor que vimos con otro personaje. Su caracterización me resulta falsa. No la disfrute 🙁

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