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MI HIJO SOLO CAMINA UN POCO MÁS LENTO: Las apreciaciones de la discapacidad



Por Luis Santillán/ Ivor Martinic es un dramaturgo croata egresado de la Academia de Arte Dramático de Zagreb, es un autor de gran impacto porque está renovando el teatro en su país, su breve obra ha sido traducida en más de 15 idiomas; se ha planteado que su dramaturgia posee dos cualidades principales: son dramas familiares y en ellos hay un juego entre el tiempo y el lugar en el que se desarrolla la trama.

Y es por el enorme interés de Diego del Río que su obra Mi hijo solo camina un poco más lento se presenta en México. Martinic ha dicho sobre su texto: “Escribí esta obra porque quería hablar sobre la gente que es diferente y de cómo es tratada por la sociedad”.

El punto de partida es la celebración por el cumpleaños 25 de Branko, quien no puede caminar, y lo que el espectador ve es el paso del tiempo de ese día desde la mañana hasta la post-fiesta. El texto tiene una estructura en la que no desarrolla una línea compleja de relato, sino que construye variaciones a partir de una línea sencilla, lo importante no es la evolución sino la percepción del acontecimiento central y cómo éste afecta a los personajes involucrados. Los bloques que propone el autor permiten crear la compleja telaraña de relaciones y comportamientos que tienen los familiares cercanos de Branko; tiene acentos que le permiten desarrollar el motor del relato: la apreciación de la discapacidad teniendo en un polo a la madre, Mia; en el otro a la enamorada, Sara.

Diego del Río continúa desarrollando la ficción creada en y ante el colectivo (algunos podrían decir al estilo de Peter Brook), como en otras obras dirigidas por él, el reparto está todo el tiempo a vista el espectador, se establece el área de acción –en esta ocasión aún más radical que en sus proyectos previos- y cada integrante del reparto, como si se pasaran la estafeta, construyen la puesta en escena. Este texto y este equipo de trabajo le permite ahondar en la construcción emotiva de los personajes.

Entre el reparto destaca –casi ya por naturaleza- Karina Gidi, fiel a su estilo, a sus herramientas, crea a una madre que vive la presión familiar cotidiana y la negación a renunciar a la esperanza. Ana González Bello, en el personaje de la novia de Branko, Sara, contrapuntea a todo el elenco de manera muy grata -más allá de saber si es su lectura o la propuesta de Del Río-, construye un personaje que al estar ajeno a la familia no tiene el pudor de los otros y ve a Branko como persona. Por su parte, Concepción Márquez y Anahí Allué crean a sus personajes de manera muy sólida, cada una explota las peculiaridades de los personajes para equilibrar los momentos emotivos.

Quizá la parte débil de la puesta en escena radica en que, aun cuando lo personajes están muy bien integrados en el universo, los bloques se empatan porque no hay variaciones de ritmo, hay similitud en las confrontaciones, da la sensación de pasar varias veces por el mismo tema (pensándolo musicalmente) y eso frena la forma en que se presentan las percepciones de los personajes.

Mi hijo solo camina un poco más lento es una puesta en escena que vale mucho la pena, tanto por la propuesta del texto, la calidad del reparto y la exploración afortunada de Diego del Río.

Consulta precios y horarios de la obra, aquí.

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