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LA ESTÉTICA DEL CRIMEN: Rompiendo la cuarta pared y el estrés chilango



Fotos: Cortesía producción

Por Satán Mendoza / Woody Allen en La rosa púrpura del Cairo rompe la pantalla y sus actores escapan a la realidad, o más bien a la realidad de la ficción. Y sí, Frank Underwood puede hablarnos directamente en House of Cards, pero no puede interactuar con nosotros. En el cine o las series no se puede (al menos todavía) romper la cuarta pared de verdad. Ese es un privilegio del teatro.

Pero entendamos que es la cuarta pared: “La cuarta pared o cuarta pantalla es la pared invisible imaginaria que está al frente del escenario de un teatro, en una serie de televisión, en una película de cine, o en un videojuego, a través de la cual la audiencia ve la actuación. Mejor dicho, es lo que separa entre la vida de los personajes con cualquier espectador, ya sea en cualquier medio. Se utiliza este término para referirse a la acción de uno o varios personajes que interactúan con el público espectador.” (Wikipedia).

Así que romper la cuarta pared significa que los actores nos hablan directamente a los espectadores, y en dado caso, podemos interactuar con ellos. Este es el recurso que da vida a La estética del crimen, puesta en escena de Paul Pörter y dirigida por Rina Rajlevsky.

La acción sucede en una peluquería (chiste que entenderán tras ver la obra), y al principio veremos en escena lo que sucede mientras en un departamento superior es asesinada Isabel Pratt, una famosísima pianista. Estos primeros minutos no son los mejores. Mi impresión es que a los actores les falta dirección y hay una no siempre afortunada mexicanización del texto original. Mucho chiste fuera de lugar, dobles sentidos que no hacen reír y escenas que no dejan gran cosa.

Paciencia, vale la pena esperar y poner mucha atención a todo lo que acontece en el escenario, aun los más mínimos detalles, porque tras esos primeros momentos de zozobra, los policías que investigan el homicidio romperán la cuarta pared y pedirán ayuda a los espectadores para resolver el caso.Y ahí todo cambia, la obra se hace divertidísima.

Cabe destacar el fabuloso papel de Omar Medina, que como policía a cargo del caso, es quién lleva la relación con el público y lo hace de manera brillante. La obra se vuelve una gozadera. No podía dejar de voltear a ver a la gente que se doblaba de risa en sus asientos. Los actores con la ruptura de la cuarta pared se sueltan y las interacciones con el público son fantásticas. Y ya puestos a eso, qué mejor que sea el público el que defina al asesino y ahí veremos una de las cuatro opciones de final que tiene la obra.

La estética del crimen es una obra que cumple de sobra con los objetivos que se propone. El público se ríe y la goza. Una estupenda opción para huir del estres chilango y pasar un muy buen rato de pura y auténtica diversión.

Consulta precios y horarios de la obra, aquí.

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