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CANCIÓN DE CUNA: Las posibilidades del terror en la escena



Por Luis Santillán/ Canción de cuna trabaja con dos relatos, en el central Daniela está confinada, tiene un pasado que poco a poco será revelado para entender qué está ocurriendo; en el segundo, un grupo de personas están atrapadas en lo que podría ser un centro de enseñanza para niños, tratan de escapar, pero no lo podrán hacer hasta que enfrenten aquello que motivó su encierro. Eneas Martínez es el autor y director de esta puesta en escena.

Hay una motivación profunda por parte de Martínez para la creación de esta obra, se plantea que los casos de los personajes están basados en hechos reales, por eso apuesta a convertir las acciones en los detonantes para proponer un teatro que podría incrustarse en el género del terror. En un universo lo inexplicable, en principio, permite que el género se desarrolle; en el otro universo hay un acercamiento hacia el terror psicológico. Hay elementos en ambos planos que frenan la propuesta global.

Las decisiones de producción y su realización no favorecen la construcción que desea Martínez, la entidad que “atrapa” a los personajes usa unos guantes que rompen la ficción porque evidencia lo “falso”; el torso de un personaje femenino tiene la misma textura que los guantes y eso, como dicen, hace que “las costuras del monstruo” se vean; el maquillaje de los niños, sin ser malo, no es coherente con el tono con el cual encamina la dirección de actores. La escenografía no mantiene coherencia visual, un universo está sugerido, el otro es crudo en tanto la realidad de los objetos.

Gabriela Ortiz, como Daniela, hace un buen trabajo, la aleja de la locura para plantear un personaje complejo, las variaciones a partir de la lucidez y los momentos donde ésta se fractura están matizados, logra que el personaje se vuelva enigmático. Ulises Iturbide, como abogado, y Luis Notni, como fotógrafo, mantienen a sus personajes en un campo de verosimilitud, las reacciones ante el universo que habitan son en proporción del estímulo y eso alimenta la atmósfera. Nelly Lacayo tiene un mejor trabajo con el personaje de la doctora, ya que cuando encarna a la Gótica hay una desproporción en las reacciones.

Canción de cuna es una propuesta que irá creciendo y depurando sus componentes mientras el paso de las funciones, es una opción para aquellos que deseen ver una obra que explora el género de terror.

Consulta precios y horarios de la obra, aquí.

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