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BOZAL: Una mirada extraterrestre al mundo de los humanos



Por Roberto Sosa/ Bozal es lo que le impide a un animal morder, mamar o comer; a los humanos sería quizá para callarles la boca. Dos hombres viajan hacia la Luna. Solos en la nave, uno de ellos pierde el juicio, enloquece y ve a su acompañante como una amenaza. La proximidad con la Luna hará que su razón se vea manipulada.

Envueltos en un delirio y ante el miedo a ser devorados, la gravedad cero deja a ambos cuerpos en igualdad, dos hombres que se ven obligados a confrontarse en su simple condición de humanos. Las estrellas serán testigo de esta travesía y de un duelo muy singular. No van solos, el público acompaña la historia y a los personajes en las alturas, logrando una mirada extraterrestre a lo que sucede en escena.

La puesta en escena rompe paradigmas, convenciones y las formas tradicionales de hacer teatro. Se expresa con otros lenguajes escénicos, explora, se va por otros rumbos. Y al público lo hace partícipe, cómplice, no lo deja cómodamente sentado en su butaca, sino que le da la oportunidad de quedar suspendido en este universo.

En un aparato escénico excepcional, los asistentes tienen la opción de “volar”, sentados o de pie, en una canastilla flotante. La experiencia es única. Juntos –los actores y espectadores- crean el espectáculo, donde la dramaturgia se desarrolla en tres niveles: abajo, a media altura o hasta ocho metros sobre el escenario.

El proyecto, texto y dirección son de Richard Viqueira, diez años le tomó la creación de Bozal; año y medio de ensayos. El resultado es un espectáculo fuera de lo común: Teatro en gravedad cero. El despliegue técnico es impresionante: una plataforma al centro del escenario se eleva con dos actores sujetos con un arnés a una línea de seguridad. Y alrededor, 36 espectadores los acompañan a “volar”, a ser parte de la travesía.

Viqueira logra –mi opinión- su propósito, una puesta en escena singular, fiel a su estilo. Su teatro a muchos no les gusta, lo aborrecen, a otros los pone de pie y le aplauden, lo cierto es que nadie sale de una función suya, indiferente.

¿Qué es diferente en esta obra? Ver de cerca a los actores no es nuevo; verlos de frente o desde arriba a ocho metros de altura, sí. La historia es congruente con la ficción que se despliega sobre el escenario. No podría ser de otra forma.

Las actuaciones de Omar Adair y David Blanco son en el límite, al borde del abismo. Dos de los protagonistas realizan su trabajo en las alturas, sin perder el equilibrio; actúan, les dan fuerza a los personajes y pelean sobre una plataforma suspendida a más de 7 metros de altura. Nada sencillo.

Como espectador uno ve todo el espectáculo afianzado a la canastilla y asegurado al arnés, los actores sólo están sujetos a un cable de acero, lo además es plantarse bien en un espacio muy reducido –el ancho de la plataforma es de unos cuantos centímetros- y actuar en condiciones verdaderamente extremas.

Consulta precios y horarios de la obra, aquí.

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