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Duele: ¿Quién no está roto? Las marcas que deja el amor



Duele 1Por Mariana Mijares/ El amor duele, cualquiera que haya experimentado lo que significa amar a otra persona lo sabe, porque, no importando lo bonita que pueda ser una relación, en alguno u otro momento ésta acabará por lastimarnos; y esas heridas, como si se fueran heridas físicas, podrían cicatrizar en días, semanas, o quedarse para siempre.

Tomando esta analogía de las marcas que deja el amor, el dramaturgo americano Rajiv Joseph escribió Gruesome Playground Injuries -que se traduciría en algo así como Horribles Héridas del patio de recreo-, que se estrenó en Texas en 2009 y off-Broadway, en el Second Stage Theatre, en 2011.

Aquí, dos de los mejores actores de su generación: Ludwika Paleta y Osvaldo Benavides, son los responsables, tanto al frente del escenario como en la producción (de la mano de Pedro Ortiz de Pinedo) de traer a México esta historia, la de Karina y Diego.

Karina y Diego se encontrarán en diferentes momentos desde los 8 hasta los 38 años, y en esas tres décadas, conoceremos a estos amigos que parecen estar rotos por dentro –a nivel físico y emocional- y también por fuera… Pero ¿quién no está roto?

Lo más conmovedor de este texto es que aunque está enfocado en dos seres sumamente lastimados, y que aparentemente no saben muy bien cómo funcionar en el mundo, logran encontrar a su igual en el otro. Porque aún cuando Karina y Diego no logran mantener relaciones sanas, o duraderas, con el exterior, siempre cuentan el uno con el otro.

La puesta se divide en 8 escenas, cada una abarca una herida ocurrida en una edad determinada; momentos en los que Ludwika y Oswaldo tienen ocasión de mostrarnos un gran rango actoral. Las secuencias no llevan un orden cronológico, y sólo vemos un fragmento, un pedazo de ese momento que a ellos los marca de alguna manera. Así ocurre también en la vida: la recordamos en desorden y no necesariamente de manera completa.

Ambos actores toman muy bien la piel de Karina y Diego, y su química es genuina, natural, hecho que quizá tenga que ver con el que, en la vida real, Ludwika y Oswaldo se conocieron hace 24 años en una inolvidable telenovela: El abuelo y yo. Desconozco si ellos sean amigos en la vida real, pero en el escenario, nos convencen de que son los mejores, son medias naranjas; y tomo el cliché de la naranja precisamente porque ambos parecen no ser seres redondos, completos, hasta que están juntos.

La química se logra también gracias a la propuesta de dirección de Diego del Río, quien ya había trabajado con Ludwika en Espejos. Como lo mencioné, la obra tiene en este equipo a uno de sus mayores aciertos, pues tanto los actores como el director han formado parte de algunos de los mejores trabajos que hemos visto en los escenarios mexicanos; para muestra, basta un botón: Un Dios Salvaje (Paleta), Un Hombre Ajeno (Benavides) y Wit (del Río).

La escenografía, una propuesta del siempre preciso Jorge Ballina –aunque con en esta ocasión con elementos mucho más sencillos- es una estructura metálica que se transforma en hospital, casa o patio de recreo según se requiera.

Cada pieza del vestuario, de Julia Reyes, nos recuerda que estos personajes tienen heridas que no se curarán fácilmente; y la música, del talentoso Iker Madrid (El último Teatro del Mundo) -acompañado en la guitarra por Silvia Siu-, (que por momentos me recordaron uno de mis musicales favoritos: Once), nos lleva a hacer este viaje en el tiempo aún más entrañable.

En lo personal, considero que el texto de Joseph no logra resultar tan poderoso o redondo, como podría haberlo sido, y es que el final se siente abrupto y no concluyente; sin embargo, así son también las heridas: repentinas e imprecisas. No están ahí para hacernos la vida fácil, ni tampoco desaparecerán cuando lo deseemos, solo cuando sea su tiempo.

Ese es el principal valor de la obra: recordarnos que, al igual que los juegos infantiles en el patio de recreo, el amor puede doler y mucho. Pero aún y cuando el dolor no ceda, cuando persista; incluso cuando deje cicatrices… esos juegos, experiencias, habrán valido la pena.

Consulta precios y horarios de la obra aquí.

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